La identificación con Cristo

Identificarse con Jesucristo no significa convertirse en una persona apagada, miedosa o sin personalidad y libertad. ¡Todo lo contrario! Cristo es el hombre más libre, valiente y auténtico de la historia. Tener una personalidad que se identifica con Él significa actuar movidos exactamente por los mismos motivos por los que se movía Él. Implica aprender a mirar la realidad poniendo siempre en primer lugar la visión sobrenatural (el bien del alma, el amor a Dios, la salvación) y, en segundo lugar, la visión humana y material, actuando con un orden perfecto.


Algunas Ideas Clave


Propuesta práctica: "Actuar con los Motivos de Cristo"

Para entrenar esta personalidad fuerte y libre durante la semana, buscando primero el sentido sobrenatural de nuestras acciones, haremos este triple ejercicio:

El Triple Entrenamiento de Identificación

Ordena tus intenciones y prioridades siguiendo el estilo del Evangelio:

  • La rectitud de intención (¿Qué me mueve?): Dos o tres veces al día, antes de realizar una tarea importante o de hablar con alguien, pregúntate honestamente: *«¿Por qué lo hago? ¿Por quedar bien, por orgullo, o por amor a Dios y servicio a los demás?»*. Intenta rectificar y purificar el motivo en tu corazón antes de empezar.
  • La salud del alma primero: Ante una preocupación grande que te venga a la cabeza esta semana (un problema familiar, de estudios, económico o de salud), antes de pedirle a Dios solo que "lo arregle" humanamente, pídele la fuerza espiritual: *«Señor, primero ayúdame a tener paz, a estar en gracia y a aceptar tu voluntad; después, si te parece bien, ayúdame a resolver este problema»*.
  • Vencer el respeto humano (Actuar con libertad): No te dejes rebajar por el miedo al "qué dirán". Si en una conversación sientes que se critica a alguien, que se habla mal de la Iglesia o se defiende una injusticia, actúa con la libertad de Cristo: sonríe, desvía la conversación con elegancia o defiende la verdad con caridad y firmeza, sin esconderte.

Objetivo: Forjar un carácter noble, libre y magnánimo que no dependa de las corrientes del mundo, sino que esté anclado firmemente en los mismos sentimientos y motivos de Jesucristo.